Aprobación de Gobierno Julio 2020

 

Informe de coyuntura: La aprobación de Gobierno tras 4 meses de gestión.

Gobierno mantiene elevados niveles de aprobación en la ciudadanía: saldo positivo de 47 puntos.

El gobierno presidido por Luis Lacalle Pou atraviesa ya su quinto mes de gestión, preservando un alto capital político ante la ciudadanía. Según nuestra última encuesta de opinión pública (realizada entre fines de junio y principios de julio), cerca de 6 de cada 10 uruguayos considera que la gestión del gobierno es “muy buena” o “buena” y sólo alrededor de 1 de cada 10 la califica “mala” o “muy mala”. La situación ha sufrido cambios muy leves en los últimos meses. En mayo, por ejemplo, la aprobación alcanzaba el 62% y la desaprobación el 11%. Al mismo tiempo, los indicadores de aprobación superan en varios puntos a las expectativas de gestión que existían inmediatamente antes de la asunción del gobierno. En febrero, las expectativas de gestión gubernamental tenían un saldo favorable de 33 puntos: 52% consideraba que la gestión del nuevo gobierno sería muy buena o buena y 19% que sería mala o muy mala. Hoy, la brecha positiva entre quienes aprueban y desaprueban la gestión es de 47 puntos. Es decir, aunque en febrero ya existían indicios de un comienzo en clave de fuerte luna de miel entre el gobierno y la ciudadanía (algo habitual desde la instauración del balotaje), el gobierno no sólo ha preservado sino expandido su elevado crédito ante la opinión pública.

Principales factores explicativos de los actuales niveles de aprobación de gobierno:

¿Cómo explicar esta tendencia de “sostenimiento reforzado” de la luna de miel? Al menos cuatro factores deben tomarse en cuenta.

  1. Gestión de la Pandemia

La gestión de la pandemia ha sido el principal asunto de política pública en estos primeros meses. En este plano, el gobierno sale muy fortalecido, en el marco de una evolución muy favorable de los indicadores sanitarios, una gestión sanitaria que ha terminado generando más consensos que disensos y figuras del Poder Ejecutivo cuyo papel en la crisis ha recibido una amplia aprobación ciudadana. Aunque es cierto que aprobar la gestión del COVID-19 no necesariamente se traduce en aprobación al gobierno en general (hay 2 de cada 10 ciudadanos que aprueban la gestión COVID-19 pero no califican positivamente la gestión general), el consenso ciudadano ante el principal tema de política pública de los últimos meses ha sin dudas generado un clima propicio para reforzar el vínculo entre el gobierno y la ciudadanía.

  1. Funcionamiento de la coalición

A pesar de algunos diferendos esporádicos de alto voltaje entre algunas de sus figuras (siendo la renuncia del Canciller Talvi el episodio más importante de ellos), en la coalición multicolor prevalecen los consensos sobre los disensos y los socios se muestran sintonizados con las principales decisiones de gobierno. En especial, junto a una consensuada gestión de la pandemia, la coalición multicolor ha logrado posicionarse como un bloque predominantemente compacto de cara a la aprobación de la Ley de Urgente Consideración, el principal objetivo de gobierno para el primer semestre antes de la llegada del COVID-19 al país. Esta clase de señales seguramente han generado un impacto favorable dentro del bloque multicolor de electores, principal base de soporte del gobierno. Más de 9 de cada 10 electores por Lacalle Pou en el balotaje aprueban la gestión gubernamental contra menos de 3 cada 10 votantes por el candidato frentista, Daniel Martínez.

  1. Evaluación de la Gestión Económica.

Las dificultades económicas que atraviesa el país (como lo ilustran las fuertes caídas de las tasas de empleo y actividad durante el segundo trimestre del año) se enmarcan en un escenario global en donde prácticamente ningún país ha logrado escapar a los efectos recesivos generados por la crisis sanitaria y las medidas de distanciamiento social. Sin embargo, la ciudadanía probablemente está otorgando un crédito especial al gobierno al evaluar que la recesión constituye un shock exógeno inevitable. En este sentido, es significativo que aunque la evaluación del estado de la economía sea predominantemente negativa entre los uruguayos, el gobierno reciba bastantes más apoyos que rechazos respecto a su gestión económica: 49% aprueba la gestión económica del gobierno y sólo 20% la desaprueba. Este amplio saldo favorable de la evaluación de gestión económica es clave para entender la imagen general del gobierno. Según nuestros modelos multivariados de análisis, de las diferentes áreas de gestión (economía, seguridad, educación, políticas sociales, etc.), la satisfacción con la gestión económica es por amplia diferencia la que impacta más sobre la aprobación gubernamental.

  1. La imagen del Presidente

Finalmente, en el marco de un sistema presidencialista, la relación del presidente con la ciudadanía también impacta en la evaluación integral de gestión. En estos cuatro meses de gobierno, la figura de Lacalle Pou ha tomado especial protagonismo, en la medida que la pandemia reforzó aún más la visibilidad de las figuras presidenciales, que la impronta de Lacalle Pou ha sido de seguimiento “cuerpo a cuerpo” de los principales asuntos públicos (con una alta exposición mediática) y que el formato “radial” de funcionamiento de la coalición converge fundamentalmente en su figura. En este contexto, desde el comienzo de la gestión se aceleró un cambio de imagen del presidente Lacalle Pou ante la ciudadanía, con un fuerte crecimiento de la simpatía y caída consecuente de la antipatía.

Factiblemente, esta consolidación del liderazgo de Lacalle Pou ha favorecido la preservación de altos niveles de aprobación de gestión.

Perspectivas

El clima de opinión pública favorable al gobierno constituye un activo relevante de cara a la ejecución de sus planes de reforma y política pública. Sostener estos niveles en el largo plazo, además, otorgaría al bloque multicolor una ventaja importante de cara al próximo ciclo electoral debido al componente evaluativo-retrospectivo del voto. No obstante, son varios los desafíos que se abren al gobierno en su objetivo de sostener este crédito ciudadano.

En primer lugar, en el marco de un contexto de consolidación de las preocupaciones económicas por parte de la ciudadanía (particularmente aquellas vinculadas al empleo), el gobierno factiblemente enfrentará crecientes demandas en un contexto fiscalmente restrictivo y económicamente recesivo. Gestionar exitosamente estas demandas (tanto en el plano de política púbica como comunicativo) se vislumbra como una de las tareas más arduas del gobierno en el futuro.

En segundo lugar, si bien la coalición multicolor cuenta con fuertes incentivos para sostenerse durante los primeros años de gestión (una eventual rápida disolución favorecería al bloque frentista de cara a las elecciones de 2024), los socios partidarios (especialmente el Partido Colorado y Cabildo Abierto) precisarán marcar una creciente diferenciación frente al gobierno con el paso del tiempo para posicionarse como alternativas al Partido Nacional dentro del bloque multicolor de cara al próximo período de gobierno. El surgimiento de mayores diferendos a la interna del bloque oficialista podría por tanto alterar el clima de aprobación gubernamental, por ejemplo modificando los casi unánimes niveles de apoyo que hoy registra entre electores cabildeantes y colorados. La reciente renuncia del canciller Talvi marca además un cambio importante en el acuerdo multicolor pues a partir de julio los tres referentes principales de los socios del presidente se desenvolverán en sus funciones sin ocupar cargos de gobierno.

Finalmente, se plantea como interrogante el papel que cumplirá el Frente Amplio y cómo lo decodificará la ciudadanía. En los primeros meses de gestión del nuevo gobierno, el FA ha tenido algunas dificultades de posicionamiento y visibilidad en tanto fuerza opositora. De un lado, el papel del FA ha quedado relegado debido tanto a la predominancia del Poder Ejecutivo en el contexto de gestión de la pandemia como a las características que tuvo el proceso de aprobación de la LUC en el Parlamento (un paquete de medidas definido fundamentalmente entre los socios de la coalición multicolor y aprobado rápidamente por sus representantes parlamentarios). Además, el FA se caracteriza hoy por una relativa atomización de liderazgos, con las máximas figuras históricas “en cancha pero no en carrera” y una multiplicidad de líderes de recambio que hasta ahora representan sectores más que a la coalición de izquierda en su conjunto. Un eventual fortalecimiento del rol opositor del FA y la consolidación de liderazgos de cara a 2024 podría así alterar el mapa evaluativo de la ciudadanía frentista, que hoy cuenta con un porcentaje minoritario pero importante que respalda al gobierno.

 

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