Tipología de Votantes: Firmes, Inseguros, Indefinidos

El Monitor de Opinión Pública presenta información de seguimiento de la opinión pública, incluyendo información de actitudes relativas a fenómenos políticos y a temáticas sociales de interés para la población uruguaya.

La información brinda insumos para comprender el contexto social en que se desarrolla el ejercicio del gobierno, la política nacional y la vida social de los uruguayos.

 

Resultados

 

 

 

 

Análisis

A dos meses de las elecciones nacionales, casi 1 de cada 3 uruguayos no está seguro o no ha definido qué votará.

Sólo 60 días nos separan de la llamada “primera vuelta” en que los uruguayos elegirán la composición del próximo parlamento y donde, factiblemente, los dos candidatos más votados pasarán a un balotaje que definirá al nuevo presidente del país. Pese a la relativa cercanía con dicho hito, aproximadamente un tercio de la ciudadanía no ha definido plenamente su voto, ya sea porque tiene una opción tentativa pero no está seguro de la misma, porque se encuentra indefinido entre diferentes alternativas o porque aún no ha considerado las opciones partidarias y candidaturas en juego.

En el gráfico 1 se observa la distribución del electorado en tres categorías, justamente según el grado de seguridad o definición del voto. De un lado tenemos un 66% de votantes “seguros”. Se trata de electores que escogen una opción partidaria y candidatura en nuestra pregunta central de intención de voto y que además declaran estar “seguros” de su preferencia. En segundo lugar, hay un 18% que escoge un partido/candidato pero considera que podría cambiar su voto de aquí a octubre. A este segmento del electorado lo hemos denominado “votantes inseguros”. Finalmente, nos encontramos con los votantes “indefinidos”, aquellos que declaran no saber qué votarán o que votarían blanco/anulado. Este sector, el de más incierto comportamiento pues no manifiesta preferencia explícita de cara a la primera vuelta, representa un 16% del electorado. No obstante, si asumimos que cerca de un 3% sufragará finalmente en blanco o anulado y que existe un pequeño grupo que tiene preferencia pero no la manifiesta, se puede concluir que el segmento estrictamente indefinido ronda el 12% o 13% de la ciudadanía.

Entre inseguros e indefinidos hablamos pues de 3 de cada 10 ciudadanos, cerca de 750.000 votantes. Por la magnitud de esta cifra, se impone cautela al tiempo de proyectar el desenlace electoral, ya sea en la disputa entre oficialismo y oposición así como en la competencia al interior de la oposición. Hacia este segmento de la ciudadanía, es esperable que se dirijan los principales esfuerzos de campaña de las principales fuerzas políticas de aquí a la elección.

El FA cuenta con un piso electoral más firme que el resto de los partidos. Los votantes de oposición “inseguros” en su amplia mayoría se encuentran dudando entre diferentes alternativas opositoras.

Cuando se desagregan los votantes convencidos e inseguros según el partido al que votarían, queda en evidencia un piso más alto de votación para el FA en relación a cualquiera de las alternativas opositoras. Del 27% que votaría al FA según nuestra última medición, 24% son votantes seguros y 3% inseguros. Esto significa, en otras palabras, que de cada 10 electores con intención de voto al FA casi 9 están seguros que lo votarían. En el caso de los partidos de oposición, quien hoy exhibe la proporción más alta de adherentes firmes es Cabildo Abierto, cuyo 10% se desagrega en 8% de votantes seguros y 2% de votantes inseguros. En los partidos fundacionales, en tanto, la relación entre convencidos e inseguros es similar. Cerca de 3 de cada 4 electores blancos o colorados son votantes “firmes” por sus respectivos partidos en tanto 1 de cada 4 podría cambiar de voto. Finalmente, entre los partidos que hoy disputan su presencia en el próximo parlamento crece el nivel de inseguridad del voto al 40%, lo que sugiere un nivel de adherencia comparativamente menor y mayores posibilidades de movimientos futuros.

Globalmente, el 18% de los electores “inseguros” se descompone en un 3% con mayor cercanía hacia el FA y un 15% con preferencia electoral por alguna opción opositora. Por análisis adicionales, sabemos que la mayoría del electorado opositor “inseguro” cambiaría hacia otras opciones opositoras pero no consideraría votar al FA. Es ilustrativo, por ejemplo, que la clara mayoría de electores “inseguros” de oposición votaría por Talvi o Lacalle Pou en un eventual balotaje frente a Martínez. Hilando aún más fino, dentro del electorado blanco y colorado que se encuentra inseguro (que sumado alcanza al 11% del electorado), el riesgo mayor de fuga se da justamente hacia el otro partido fundacional. Por diferentes indicadores analizados, para cerca de la mitad de los votantes de Lacalle Pou el segundo líder preferido es Talvi y viceversa. Esta situación establece un claro escenario de competencia directa entre ambas fuerzas políticas por el acceso al balotaje (situación en donde hoy el PN tiene ventaja de 4 puntos).

A diferencia del electorado “inseguro” (mayormente opositor), el electorado “indefinido” se encuentra fuertemente dividido entre oficialismo y oposición.

Si bien electores “inseguros” e “indefinidos” comparten el hecho de no hallarse convencidos de su decisión electoral de cara a octubre, hay diferencias importantes entre ambos segmentos. Como hemos visto, los votantes inseguros son mayormente votantes que aún no se han decidido totalmente por una alternativa opositora pero que difícilmente se inclinen por el FA.  En cambio, entre los electores indefinidos hay una distribución de fuerzas bastante similar en los apoyos al oficialismo y la oposición. Como se recordará, en el informe anterior se exhibía que en un eventual balotaje, los indefinidos se distribuirían similarmente entre Martinez y Lacalle (o Talvi). Adicionalmente, es muy similar el peso de electores indefinidos de izquierda/centro-izquierda y de derecha/centro-derecha (18% y 17% respectivamente). Por otro lado, la información presentada atestigua que el electorado indefinido es aquel de más difícil llegada, por sus mayores niveles de desinterés y desconocimiento sobre cuestiones políticas. Sugerente es, por ejemplo, que entre los nada interesados en política, este segmento alcance el 31%, casi duplicando su proporción en el total del electorado.

La seguridad del voto es menor entre los jóvenes, los electores de centro (o sin autodefinición ideológica) y las personas escasamente interesadas en política.

Cuando se analiza el nivel de seguridad del voto según diferentes variables sociodemográficas e ideológicas, es posible arribar a varias conclusiones relevantes. En primer lugar, igual que sucediera con la participación en las elecciones internas, el predictor más fuerte del grado de seguridad del voto es el interés en la política. Hay una progresiva reducción de la indefinición electoral cuanto mayor es el interés manifestado: los votantes seguros son un 55% entre quienes no tienen nada de interés y el 57% entre quienes poco interés pero trepan al 72% entre los que tienen algo de interés y al 82% entre los que tienen mucho interés.

En segundo lugar, hay también un insoslayable componente generacional en el nivel de seguridad del voto. Mientras entre los adultos jóvenes hay un 43% de electorado inseguro o indefinido, este porcentaje se reduce al 32% entre los adultos de edades intermedias y al 27% entre los adultos mayores. En anteriores informes, hemos visto que los segmentos más jóvenes del electorado tienen un menor conocimiento y menor involucramiento en temáticas políticas, por lo que resulta razonable que sean el segmento generacional más propenso a decidir su voto sobre el fin de la campaña.

Finalmente, otro predictor importante de la seguridad del voto es la autodefinición ideológica, quedando de manifiesto que los electores de “centro” o que no se ubican en el eje izquierda-derecha tienen una probabilidad notoriamente mayor de manifestarse inseguros o indefinidos. 72% de quienes se ubican en la izquierda o centro izquierda afirman tener decidido su voto y lo mismo hace un 75% de quienes se ubican en la derecha o centro derecha de la escala. Los electores “seguros”, en cambio, descienden al 58% entre los autodefinidos de centro y al 44% entre quienes no se ubican en el eje izquierda-derecha. Si lo observamos desde un ángulo diferente, más de la mitad del electorado que aún no tiene un voto firme se autodefine de centro o no se define ideológicamente en base a dicha escala. Esta constatación permite comprender las razones por las cuales las tres principales fuerzas políticas realizan esfuerzos estratégicos en busca de un electorado al que cabría catalogar como ideológica y políticamente moderado.

 

Principales conclusiones

Este análisis arroja algunas conclusiones relevantes para comprender el escenario de cara a octubre y noviembre. En primer lugar, la principal incógnita de la próxima elección pasa por la definición del comportamiento electoral de un tercio de la ciudadanía. Esta incógnita se presenta en dos dimensiones: la correlación de fuerzas oficialismo versus oposición y la distribución al interior de la oposición. Para la primera dimensión, la incógnita mayor es qué sucederá con los electores indefinidos. Para la segunda dimensión, será especialmente clave saber cómo se comporte el voto de los “inseguros” (cuya amplia mayoría simpatiza con alternativas opositoras).

En segundo lugar, el hecho de que el electorado de oposición sea más “inseguro” que el frentista refuerza la hipótesis de un piso electoral más firme para el oficialismo que para cualquiera de las variantes opositoras, lo que coloca al FA como el partido con las mejores posibilidades de acceder al balotaje y de ser la fuerza política más votada en primera vuelta.

En tercer lugar, los datos expuestos corroboran que existe un significativo segmento del electorado opositor que manifiesta una distancia firme con el Frente Amplio pero que al mismo tiempo no expresa una adhesión partidaria fuerte hacia ninguna de las opciones opositoras. Se constata así una vez más la existencia de un significativo segmento con una identidad política más “bloquista” que partidaria. Esta peculiaridad identitaria es la que permite comprender los reiterados y significativos cambios en la correlación de fuerzas dentro de la oposición según el contexto y el posicionamiento coyuntural de agrupaciones y líderes. Si estos cambios han llegado hoy a un punto de estabilidad (habiéndose definido las candidaturas partidarias) o si seguirán existiendo fuertes movimientos es una de las interrogantes más importantes que queda por develar de aquí a octubre. Del comportamiento definitivo del electorado opositor dependerá, por ejemplo, el rival del oficialismo en un eventual balotaje, el nivel de fragmentación del próximo parlamento y, en caso que algún partido de oposición ganara la elección, la cantidad de fuerzas políticas con las que sería necesario acordar la conformación de un gobierno de coalición.

Finalmente, los datos presentados atestiguan una vez más que los votantes “inseguros” o “indefinidos” son el nicho del electorado más atractivo para las fuerzas políticas pero también aquel de más difícil llegada y convocatoria. La predominancia entre los inseguros e indefinidos de electores con escaso interés en política y alejado de las estructuras y liderazgos partidarios constituye un fuerte desafío para cualquiera de los candidatos en competencia y un doble desafío en el caso de aquellos candidatos que aún presentan un déficit importante en conocimiento. Respecto a este último punto, vale decir que especialmente entre los electores indefinidos todavía son muy significativos los niveles de desconocimiento hacia la mayoría de los competidores.

 

Ficha Metodológica

La información presentada proviene de una encuesta de telefonía celular a 813 personas mayores de 18 años residentes en todo el país. La medición fue realizada entre el 29/7/2019 y el 5/8/2019 sobre la base de un muestreo aleatorio simple a números rango de telefonía celular. El margen de error muestral es de +/-3.5% con un 95% de nivel de confianza. Los resultados se encuentran ponderados por nivel educativo, región, edad y voto anterior del encuestado. La encuesta fue contratada por Montecarlo Televisión en conjunto con  diversos actores políticos.

 

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