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Perfil de los “Indecisos”

El Monitor de Opinión Pública presenta información de seguimiento de la opinión pública, incluyendo información de actitudes relativas a fenómenos políticos y a temáticas sociales de interés para la población uruguaya.

La información brinda insumos para comprender el contexto social en que se desarrolla el ejercicio del gobierno, la política nacional y la vida social de los uruguayos.

En este informe especial sobre los indecisos de cara a la elección de octubre, utilizaremos datos de los últimos trimestres de 2018 del Monitor Telefónico de Opinión Pública, centrándonos en 538 casos de electores indecisos. Vale recordar que en cada trimestre de 2018, Opción desarrolló una encuesta de 800 casos a personas de 18 años y más, cubriendo población residente en todo el país. Nuestro monitor utiliza como marco muestral el listado de números rango de telefonía celular de todas las compañías telefónicas del país y realiza un muestreo aleatorio simple (en algunas ediciones complementado con un muestreo aleatorio estratificado a bases de celulares propias). El margen de error máximo es de +/- 3.5% para un nivel de confianza de 95% (análisis de sub-muestras de la encuesta están sujetas a mayores márgenes de error). Los datos se encuentran ponderados por región, nivel educativo, sexo, edad y voto anterior. El análisis se complementará con datos de otras fuentes oportunamente citadas.

 Los informes son presentados como primicia en los informativos de Telenoche 4.

Resultados

Gráfico 1. Interés por la Política (Indecisos y Electorado General)

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Gráfico 2. Voto en Octubre de 2014

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Gráfico 3. Auto-Identificación Ideológica de los Indecisos

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Gráfico 4. Evaluación de Gobierno (Electorado Indecisos)

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Gráfico 5. Percepción sobre Capacidad de la Oposición para Gobernar (Electorado Indecisos)

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Análisis 

Una de las grandes incertidumbres de cara a la próxima elección nacional es el comportamiento que tendrán los llamados “indecisos” o “indefinidos”. En este singular segmento del electorado hay dos grandes subgrupos. Por un lado, se encuentran quienes declaran que votarían en blanco o anulado y que representan un 11% según nuestra última medición de diciembre. Este porcentaje está muy por encima del habitual voto en blanco o anulado en el país (por ejemplo, en octubre de 2014 representó un 3% de los votantes). Por tanto, es muy factible que la amplia mayoría de quienes hoy votarían blanco o anulado termine inclinándose por alguna de las opciones partidarias. El segundo gran subgrupo son los “propiamente” indecisos, otro 11% según nuestros datos de diciembre pasado. Estos son efectivamente los electores que declaran no saber a qué partido votarían si las elecciones fueran el próximo domingo. Hay, finalmente, un pequeño segmento de los indecisos (1% del total del electorado) que en realidad se compone de personas que no brindan información sobre su posible voto partidario. Se puede decir pues que 1 de cada 5 votantes uruguayos aún no ha determinado su voto en la próxima elección de octubre. Se trata de un segmento minoritario pero determinante para el resultado final de la elección.

Pese a la incertidumbre de su futuro comportamiento, hay varios datos sobre los indecisos que pueden ayudarnos a entender mejor su perfil político. Un primer dato relevante remite a su interés por la política. En el gráfico 1 se observa que los indecisos tienen un interés por la política mucho menor que el electorado general: un 9% de los indecisos dice tener mucho interés por la política frente a un 21% del conjunto de los votantes. A la inversa, mientras la política interesa poco o nada a algo más de la mitad de los uruguayos (54%), el desinterés crece al 72% en el caso de los indecisos. La primera conclusión, por tanto, es que todos los precandidatos y fuerzas políticas están enfrentando a un segmento de difícil llegada en vista de sus altos niveles de desafección y desconocimiento de temas políticos.

En el gráfico 2, en tanto, podemos observar el comportamiento de los indecisos en la elección de octubre de 2014 (primera vuelta) en clave comparada a los resultados generales de dicha instancia. La principal conclusión es que en el perfil actual de los indecisos prevalecen claramente los ex votantes frentistas por sobre los ex votantes de los partidos fundacionales. Entre los actuales indecisos, un 46% votó al FA mientras que sólo un 22% declara haber votado al Partido Nacional o al Partido Colorado (es decir hay 24 puntos de ventaja para el FA). En cambio, considerando a todo el electorado que votó en 2014, el FA obtuvo 4 puntos más que blancos y colorados sumados (48% contra 44%). Por tanto, queda exhibido un claro sesgo de pasado frentista entre los actuales indecisos.

La constatación anterior, sin embargo no implica sugerir que la mayoría de los indecisos finalmente se volcarán hacia el FA. En el gráfico 3, por ejemplo, se observa que según la actual autodefinición ideológica de los indecisos no hay un sesgo hacia la izquierda o centro-izquierda (lo que sí podría sugerir mayor probabilidad de volcarse hacia el FA llegado el momento de la elección). De hecho, la autoidentificación es prevalentemente de centro y es incluso algo mayor la población de indecisos de derecha o centro-derecha que aquella de izquierda o centro-izquierda (28% contra 20% respectivamente).

Finalmente, en los gráficos 4 y 5 queda ilustrada una doble condición de los indecisos que podría ser una de las claves para entender su actual indefinición electoral. De un lado, al momento de evaluar la gestión del gobierno nacional, prevalecen claramente los insatisfechos sobre los satisfechos: 38% cataloga la gestión como mala o muy mala frente a un 17% que la considera buena o muy buena (tendencia que es bastante parecida a la existente en toda la ciudadanía).  Esta relativa insatisfacción gubernamental, sin embargo, no se refleja en una alta confianza hacia las alternativas opositoras. Como muestra el gráfico 5, dentro de los indecisos prevalecen levemente quienes consideran que la oposición no se encuentra preparada para gobernar sobre quienes sí la encuentran preparada (41% contra 35%).

¿Qué sabemos por tanto de los indecisos a la luz de los datos presentados? En primer lugar, sabemos que por su perfil predominantemente desinteresado de los temas políticos, los precandidatos y los partidos deberán redoblar esfuerzos para captar su atención y su voto. Sabemos, por otro lado, que el antecedente electoral inmediato de la mayor parte de los indecisos es el voto hacia el Frente Amplio, lo cual abona la hipótesis de la importancia que tendrán los llamados “frenteamplistas desencantados” para decidir la suerte de la próxima elección. Sin embargo, a la luz de los datos, estos “desencantados” no parecen ser hoy propiamente frenteamplistas sino electores independientes y de baja o nula identificación partidaria. Prueba de lo dicho es la prevalencia de indecisos identificados en los valores de centro en la escala que va de izquierda a derecha. Sabemos, en tercer lugar, que entre los indecisos prevalece una doble condición posiblemente ligada a su indefinición: de un lado una evaluación mayoritariamente mala o regular de la actual gestión gubernamental y del otro una minoritaria confianza en la capacidad de la oposición para gestionar mejor el país en caso de gobernarlo.

Agrupando estas y otras tendencias, queda pues en evidencia que pese a la prevalencia de un pasado electoral frentista entre los indecisos, no hay indicios suficientes para suponer que nuevamente se volcarán con esa misma prevalencia al FA en la próxima elección. A la inversa, la evidencia sugiere que posiblemente habrán significativos porcentajes de apoyo tanto hacia el oficialismo como hacia opciones opositoras. Por otro lado, es imposible saber actualmente qué proporción aproximada de los votantes indecisos irán hacia cada bloque político (lo cual puede ser clave para el desenlace de la elección). Debido a la fuerte importancia entre los indecisos de un perfil ideológicamente de centro y escasamente identificado con las actuales opciones políticas, será necesario observar el desenlace de la campaña con los candidatos únicos ya definidos y, en particular, los efectos de las estrategias de captación desplegadas para convocar a dicho segmento electoral. De seguro, el sistema político tiene frente a sí el desafío de una trabajosa seducción para convertir a los actuales indecisos en “decididos” el día de la elección.

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