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Tendencias Electorales al Comienzo de la Campaña

 

Presentación

Nos hallamos a poco más de seis meses para que dé comienzo el próximo ciclo electoral y a poco menos de un año para saber cómo estará compuesto el nuevo parlamento y quién será el próximo presidente de los uruguayos. Será la octava elección consecutiva desde que el país retomó la senda democrática en 1984. A lo largo del año, Opción Consultores ha venido mostrando en una variedad de indicadores las tendencias electorales más significativas, procurando una adecuada contextualización y perfilando algunos escenarios posibles dentro de un panorama donde aún prevalecen las interrogantes sobre las certezas. Aprovechando el cierre de este año preelectoral y contando además con nuevos y muy recientes datos de intención de voto, en este informe analizaremos las principales claves que inauguran un año decisivo para la política y la sociedad uruguaya.

 

El posicionamiento de los Partidos Políticos a un año de las Elecciones Nacionales

 

Escenario estable de liderazgo y fuerte paridad entre Frente Amplio y Partido Nacional, con tendencia de crecimiento de otros partidos.

Para analizar cómo se perfilan los partidos de cara a la próxima elección, nuestro instrumento central consiste en una pregunta de encuesta (formulada en forma trimestral en nuestro Monitor de Opinión Pública) que solicita indicar el partido al que se votaría si las elecciones fueran el próximo domingo. La pregunta menciona explícitamente a todos los partidos con representación parlamentaria y ofrece la posibilidad de indicar preferencias por otros partidos. Además, esta pregunta permite también contabilizar al segmento del electorado aún indefinido, entre los que se cuentan tanto los indecisos como los votantes en blanco o anulado (cuya mayoría muy factiblemente se incline por algún partido al momento de la votación).

Como se observa en el gráfico 1, el año cierra con un liderazgo y empate técnico entre el Partido Nacional y el Frente Amplio, separados únicamente por un 1 punto de diferencia (27% y 26% respectivamente). En un tercer lugar se ubica el Partido Colorado con un 12%, mientras que en cuarto lugar hay un empate en 5% entre el Partido Independiente y Partido de la Gente. Finalmente, otros partidos sumados alcanzan el 2% (del que Unidad Popular capta más de la mitad de las preferencias) y la población que técnicamente cabe llamar “indefinida” suma un 23% (distribuida en un 11% de votantes en blanco o anulado y un 12% de indecisos).

Gráfico 1. Intención de Voto por Partidos

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Si uno observa estos resultados a la luz de las tendencias registradas durante el presente ciclo de gobierno, lo que predomina es una fotografía de fuerte estabilidad. De un lado, el liderazgo y paridad entre el FA y el PN ha sido una constante en todas nuestras mediciones posteriores a las elecciones de 2014, con fluctuaciones que pueden considerarse menores. De hecho, al calcular el promedio de intención de voto obtenido por el PN y FA entre 2016 y 2018 (28% PN y 27% FA), los datos son casi idénticos a los de nuestra última medición de diciembre (27% PN y 26% FA). Otra tendencia de relativa estabilidad (especialmente desde mediados de 2017 en adelante) está dada por la situación del Partido Independiente y el Partido de la Gente. En el caso del PI, se observa desde junio 2017 un repunte respecto a las mediciones anteriores y a partir de allí una fluctuación entre el 4% y 5%. El PG, en tanto, se incorpora a la arena política en el segundo semestre de 2016, recogiendo en la mayoría de mediciones iniciales un 3% y creciendo desde setiembre de 2017 para luego estabilizarse (salvo alguna medición puntual) en una intención de voto entre el 4% y 5%.

Dentro de este panorama de prevalente estabilidad, la novedad más saliente del corriente año es el crecimiento progresivo del Partido Colorado. Comparando las últimas 4 mediciones realizadas, el PC creció cada vez respecto a la medición previa: en junio creció 2 puntos respecto a abril, en octubre 2 puntos respecto a junio y en diciembre 1 punto respecto a octubre. En lo global, el PC alcanza hoy el 12%, lo que constituye su máximo registro en nuestra serie histórica posterior al pasado ciclo electoral.


 

Gráfico 2. Evolución de Intención de Voto por Partido (2016-2018).

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Respecto a 2014, el FA inicia la campaña electoral con 9% menos y el Partido Nacional con 6% más de intención de voto.

¿Cómo se posicionaban los partidos 5 años atrás de cara a la elección de 2014 y cómo se posicionan ahora? Esta sin duda es otra de las preguntas relevantes a formularse pues otorga un marco comparativo para analizar el punto de partida de la campaña. El gráfico 3 sintetiza esta información comparando nuestras encuestas de intención de voto de noviembre 2013 y diciembre 2018. Es evidente que el actual escenario resulta más adverso para el Frente Amplio. La actual intención de voto al FA de 27% se encuentra 9 puntos por debajo de la registrada en noviembre de 2013 y es además 21 puntos inferior a su votación en las elecciones de octubre de 2014. Hay, en otras palabras, un segmento significativo de electores que votaron al Frente Amplio en 2014 y que hoy no lo votarían. Parte de este segmento se ha volcado hacia otras opciones electorales pero la mayoría aún continúa en situación de indefinición, lo cual constituye uno de los varios factores que describe el panorama actual como incierto, abierto y competitivo.

Respecto a los otros partidos, la comparación con 5 años atrás exhibe el fortalecimiento del Partido Nacional. En 2013, el PN fluctuaba en niveles de intención de voto entre 21% y 24%, mientras que este año lo ha hecho entre entre el 27% y 31%. Si se compara estrictamente noviembre de 2013 con diciembre de 2018, el PN está hoy 6 puntos por encima de su intención de voto 5 años atrás. También hay un evidente crecimiento en la intención de voto al PI. Su promedio anual actual supera levemente el 4% y duplica su intención de voto 5 años atrás, más cercana a guarismos en torno al 2%. Finalmente, al haber crecido al 12% en intención de voto, el Partido Colorado muestra hoy una situación preelectoral bastante similar a la de 5 años atrás. Si bien en noviembre de 2013 el PC marcaba 16% de intención de voto (4 puntos más que en actualidad), el promedio del PC en 2013 estuvo en 13%. Globalmente, si el PC mantiene crece 1 o 2 puntos más en las primeras mediciones de 2019, comenzará el año electoral en una situación de intención de voto muy similar a la de 2014.

 

Gráfico 3. Intención de Voto por Partido (Noviembre 2013 versus Diciembre 2018).

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Un 23% del electorado aún no ha definido su voto de cara a la próxima elección y su evolución será decisiva para el resultado de la misma.

Hasta ahora hemos analizado las tendencias de voto para los principales partidos que integran el sistema político uruguayo. Sin embargo, resta referirnos a un segmento del electorado cuyo comportamiento electoral resulta de difícil estimación. Al igual que sucede habitualmente en las mediciones realizadas a apreciable distancia de la elección, en nuestra medición de diciembre una significativa proporción de los uruguayos declaró no saber a qué partido votará en las próximas elecciones (12%) o manifestó que votaría blanco o anulado (11%). Es sensato considerar a estos dos segmentos como “indefinidos”. Como hemos explicado anteriormente, si bien existe una proporción de uruguayos que efectivamente votarán en blanco o anulado, habitualmente es una proporción mucho menor de la que figura en las encuestas de opinión pública a esta altura del ciclo electoral. El 23% de votantes indefinidos registrado en una nuestra medición de diciembre es casualmente idéntico al promedio anual de nuestras cuatro mediciones de 2018. Tomando en cuenta el margen de error propio de las encuestas y que habrá un porcentaje que finalmente vote en blanco o anulado, la estimación más sensata es que cerca de un quinto de la ciudadanía está compuesto por electores que hoy no tienen definido su voto pero que finalmente optarán por alguna de las ofertas partidarias existentes. En esta población, donde hay una sobre-representación de los votantes con menor interés o conocimiento por temas políticos, serán especialmente importantes las campañas y la sintonía con los candidatos presidenciales que presenten las diferentes fuerzas políticas.

 

Perspectivas: Escenario de mayor fragmentación parlamentaria y de probable desenlace de la elección presidencial en segunda vuelta.

¿Cuáles son las implicancias de las tendencias electorales presentadas? La primera y más importante es que el actual escenario sigue perfilándose para decidir el próximo presidente de los uruguayos en una eventual segunda vuelta entre el Frente Amplio y el Partido Nacional, tal como sucediera en 2009 y 2014. En esas instancias electorales, el FA contaba con varios puntos de ventaja sobre el PN al comienzo de la campaña. Hoy, en cambio, ambos partidos se encuentran en situación de empate técnico. Además, de cara a un eventual balotaje, el PN cuenta a su favor con un electorado opositor de otros partidos también creciente y cuya mayoría se encuentra más cercano al Partido Nacional que al Frente Amplio (especialmente aquel que hoy votaría al Partido Colorado o al Partido de la Gente).

La segunda gran constatación al repasar las actuales tendencias es la creciente probabilidad de un futuro gobierno sin mayorías parlamentarias y, a su vez, con un parlamento más fraccionado. En vista de que el sistema político uruguayo se encuentra dividido en dos grandes bloques, estando uno de esos bloques a su vez fraccionado en varios partidos políticos, la única posibilidad factible para la existencia de un gobierno con mayoría parlamentaria propia es que el Frente Amplio repita o mejore su performance electoral de las últimas tres elecciones. A juzgar por los actuales datos disponibles (no sólo de intención de voto sino también de los factores explicativos del mismo), este es un escenario que luce menos probable que en el pasado.  Al mismo tiempo, la aparición del Partido de la Gente y el crecimiento del Partido Independiente marcan una consolidación de los partidos menores que tornarían al parlamento más diverso y fraccionado.

Finalmente, la tercera conclusión central de las tendencias presentadas es que, a la inversa que en los últimos tres ciclos electorales, los partidos fundacionales sumados superan en varios puntos la intención de voto frentista. Esta relativa ventaja actual para la oposición (si además se agrega al Partido de la Gente), debe leerse únicamente como una fotografía en el punto de partida de la campaña y en el marco de un complejo mapa de fortalezas y debilidades para ambos bloques políticos.

 

Fortalezas y Debilidades Partidarias 

Habiendo presentado una fotografía de la línea de base desde la cual parten los distintos partidos políticos de cara a la campaña, es importante analizar sus respectivos activos y pasivos, tomando en cuenta el contexto general del país y las grandes tendencias que se presentan en la opinión pública uruguaya en la actualidad.

Cambios en la situación económica modifican las expectativas y el humor de la ciudadanía de cara a la campaña electoral.

Desde 2015, en adelante, Uruguay enfrenta un escenario económico más adverso. Se trata, más allá de los matices particulares, de una situación que ha impactado negativamente a la mayoría de las economías latinoamericanas. En este contexto es que convergen en el país un enlentecimiento del crecimiento del PBI, la caída significativa de la inversión privada y de la tasa de empleo y el aumento del desempleo y del déficit fiscal.

Como era esperable, este nuevo escenario ha impactado en la opinión pública uruguaya, con un crecimiento sustantivo de quienes evalúan como regular o mala la situación económica y de quienes consideran que cuestiones económicas como el desempleo o bajos salarios son el principal problema del país. Aunque es objeto de debate el grado en que la actual o las pasadas administraciones frentistas tienen responsabilidad en estas tendencias de crecimiento modesto con destrucción de empleo, sí es claro que las mismas parecen haber contribuido a un cambio de humor ciudadano y que ello instala desafíos inéditos al Frente Amplio desde que es gobierno. Por otro lado, el viento económico más adverso que sopla actualmente en la región ha tenido efectos más tenues en el caso uruguayo que en otras economías regionales de referencia. En especial, a diferencia de otros casos, el país no ha entrado hasta ahora en recesión. Así, mientras la mayor adversidad económica apuntala las demandas hacia el cambio político favoreciendo a la oposición, la caída del crecimiento más atenuada en Uruguay constituye un potencial activo de campaña para el Frente Amplio (un aspecto que la dirigencia y militancia frentista ya está intentando marcar sobre la base de posicionar al país como un caso de “desacople económico”).

 

Crecimiento de la desconfianza en los elencos políticos y de la corrupción como problema país desafían a los partidos y figuras establecidas y abren oportunidades a nuevos liderazgos.

Otra singularidad del nuevo contexto en que comienza la campaña es el crecimiento de la ciudadanía que interpela u observa críticamente al sistema político en su conjunto. Así lo atestiguan varios indicadores relacionados a la identificación de la ciudadanía con el sistema democrático y al grado de satisfacción con la oferta electoral de cara a la elección presidencial. Además, en un contexto económico más restrictivo y en el marco de una ola regional de denuncias y escándalos de corrupción (incluyendo algunos episodios de fuerte impacto mediático que afectaron a diversos líderes políticos del país), la ciudadanía se ha mostrado más exigente al momento de evaluar la ética de los líderes políticos en el manejo de los recursos públicos. Según nuestras recientes mediciones, más de 4 de cada 10 uruguayos considera que en Uruguay hay mucha corrupción, y un 9% lo considera el principal problema del país.

Probablemente, estas tendencias contribuyan a entender parte de la mayor insatisfacción ciudadana con el funcionamiento de la democracia así como los relativamente bajos niveles de confianza hacia los líderes políticos en general del país. Al mismo tiempo, este eje de campaña afecta tanto al Frente Amplio como al Partido Nacional de cara al próximo ciclo electoral, en la medida que figuras importantes de ambas fuerzas políticas han sido afectadas por denuncias de corrupción o nepotismo durante el presente ciclo de gobierno nacional y administraciones departamentales. A la inversa, esta situación representa una oportunidad para partidos emergentes o sin experiencia de gobierno, así como para nuevas figuras que integrarán el menú de candidatos presidenciales o parlamentarios de la elección.

 

Giros valorativos de diversa índole alteran las expectativas ciudadanas y abren interrogantes para  el ciclo electoral

La opinión pública uruguaya parece haber dado un giro en los últimos años en algunos valores subyacentes que afectan el comportamiento electoral. De un lado, la ciudadanía parece haber ido gradualmente aceptando algunos pilares valorativos que fundamentan la llamada nueva agenda de derechos y cuyos promotores principales han sido el Frente Amplio y algunas organizaciones sociales. Así lo ejemplifican el crecimiento de la aprobación a la ley de regulación del consumo de marihuana, un mayor rechazo a la desigualdad y violencia de género y un apoyo importante hacia la expresión de modalidades vinculares no tradicionales (como ser el matrimonio homosexual igualitario).

Otra serie de valores, en cambio, parece estar evolucionando en una dirección que sintoniza mejor con las propuestas opositoras que con aquellas prevalentes en el Frente Amplio. Un mayor énfasis en el ejercicio de la autoridad gubernamental y un menor acento en el papel redistributivo del Estado son dos de las principales tendencias que dan cuenta de lo dicho y que registran, a través de diferentes indicadores, tanto nuestras encuestas como otras mediciones realizadas en el país (como ser la Encuesta Mundial de Valores o el Estudio Longitudinal de Bienestar en Uruguay). La modificación en esta clase de valores no es menor pensando en la próxima elección pues se entrelaza fuertemente con algunos de los temas que la ciudadanía identifica como principales problemas país. La demanda de una mayor autoridad gubernamental, por ejemplo, es uno de los valores subyacentes en los que se estructura el extendido apoyo a las propuestas que impulsan un endurecimiento de las políticas represivas del delito en Uruguay.

 

El Voto Retrospectivo: ¿cómo afecta la aprobación gubernamental al Frente Amplio de cara a la próxima elección? 

Otra de las claves para entender los cambios en la estructura de intención de voto respecto a ciclos electorales pasados pasa por observar el relacionamiento de la ciudadanía con el gobierno. En particular, la tercera administración frentista se distingue de las dos anteriores por el predominio de un saldo negativo de aprobación de gobierno casi desde el comienzo de la gestión, probablemente en asociación directa con el nuevo contexto económico y los mayores niveles de inseguridad pública enfrentados por el país. Esto es un dato central en la medida que la literatura especializada reconoce a la evaluación gubernamental como uno de los factores que inciden fuertemente en el comportamiento electoral.

En 2018 en particular, nuestras mediciones han arrojado un panorama más bien estable, con una brecha negativa (aprobación menos desaprobación) que ha fluctuado entre los 11 y 17 puntos y un porcentaje de aprobación levemente inferior al 30%.  En este panorama hoy adverso para el FA, la evidencia empírica y teórica abren como hipótesis posible un repunte en la aprobación de gobierno durante el último año de administración, gracias a un mayor esfuerzo en la comunicación de logros, a la finalización de algunas obras y proyectos y a la asignación de recursos a políticas públicas de impacto electoral. Al respecto, tanto la primera como segunda gestión frentistas registraron una sensible suba en la aprobación de gobierno en el último año, aunque partiendo desde niveles más altos que en la actualidad

 

La profundización de los problemas de seguridad pública desafía al Frente Amplio y perfila la temática como eje central de campaña.

Otro aspecto evaluativo que cabe considerar al momento de analizar la coyuntura electoral es la combinación de cuatro fenómenos relacionados al problema de la seguridad pública. Estos fenómenos son: a) el crecimiento de algunas cifras delictivas de alto impacto en la opinión pública (como ser el pico histórico que alcanzará la tasa de homicidios en 2018); b) una muy contundente mayoría que evalúa negativamente la actual gestión gubernamental en seguridad; c) una ciudadanía que coloca a la delincuencia invariablemente como el principal problema del país y d) algunas propuestas lideradas por la oposición que parecen haber sido recibidas favorablemente por la mayoría del electorado (como la Campaña Vivir Sin Miedo liderada por el precandidato del PN Jorge Larrañaga). Aunque es objeto de debate académico el grado en que la evaluación en seguridad pública impacta en el comportamiento electoral, la combinación de estos factores constituye otro de los activos a favor de la oposición en el comienzo de la campaña y una de las principales debilidades del oficialismo.

Características de la oferta electoral: implicancias para Octubre y Noviembre de 2019

Los dos bloques que estructuran la política uruguaya tienen una diferencia central desde el punto de vista de su composición y ello puede ser otra de las claves para explicar el comportamiento electoral futuro. De un lado, el Frente Amplio es una coalición de diversos partidos y sectores, heterogénea ideológicamente y aglutinada sobre la base de un programa y una fórmula presidencial común. Por otro lado, la oposición está caracterizada por una oferta fragmentada en múltiples partidos (cada uno con sus propias candidaturas), que presumiblemente integrarían un gobierno de coalición en caso de producirse un resultado electoral favorable. Esta fuerte afinidad hacia la formación de una coalición gubernamental es una de las razones fundamentales por las que cabe tratar a dichos partidos como parte de un bloque político particular.

Las singulares características de la oferta de ambos bloques políticos ofrecen fortalezas y debilidades a ambos. Para la oposición, la presentación de múltiples candidatos presidenciales con matices tanto en sus propuestas como en sus estilos de ejercicio de la política puede significar una ventaja en primera vuelta al disponer de una interesante oferta tanto en términos de liderazgos individuales como de plataformas partidarias. Sin embargo, la mayor fragmentación del bloque opositor podría constituir una dificultad en una eventual segunda vuelta ante un candidato frentista. En especial, si el Frente Amplio repite su liderazgo en primera vuelta como en las pasadas cuatro elecciones, el candidato opositor deberá apelar a un mayor porcentaje de votos extra-partidarios que el candidato frentista para lograr el triunfo. Este es aún un escenario hipotético que cabrá retomar en futuros informes si las tendencias electorales evolucionan en dicha dirección.

Las precandidaturas presidenciales: liderazgo de Daniel Martínez en imagen y posicionamiento. 

Hasta ahora, hemos avanzado en la identificación de diferentes de procesos que ayudan a comprender mejor los cambios en las identificaciones partidarias al comienzo de la campaña. No obstante, es clave tomar en cuenta que, en todas las instancias del ciclo electoral, los liderazgos individuales y la sintonía del electorado con dichos liderazgos (especialmente candidatos presidenciales) asumen un papel central en la explicación del voto. Por ello, cualquier análisis sobre las debilidades y fortalezas partidarias quedaría incompleto sin referirse al posicionamiento de sus principales figuras. Sobre este punto, estando muy avanzado el menú de precandidatos de cara a las elecciones internas, nuestras encuestas han mostrado a lo largo de todo el año al Frente Amplio mejor posicionado que la oposición. Particular destaque merecen los datos referentes al Intendente de Montevideo Daniel Martínez, uno de los principales precandidatos frentistas y quien hasta ahora ha liderado las mediciones de cara a las elecciones internas. Entre otras fortalezas, Martínez cuenta con guarismos muy favorables de evaluación de gestión municipal y con los mejores índices de simpatía dentro del amplio listado de precandidatos presidenciales.

Además, Martinez es el líder mejor evaluado en electorados externos al suyo, lo que de cara a una eventual segunda vuelta constituye una fortaleza insoslayable. La candidatura de Martinez está sin embargo lejos de ser un hecho inamovible. Al igual que el resto de las competencias internas partidarias, la elección del candidato frentista se halla abierta y evidencia un probable fortalecimiento competitivo reciente de Carolina Cosse tras el respaldo de su precandidatura por parte del Movimiento de Participación Popular. En el caso de Cosse, sus niveles de simpatía y conocimiento son menores a los de Martinez. Como su campaña recién comienza, todavía es una incertidumbre cómo sería una elección con Cosse encabezando la fórmula frentista.

Respecto a la oposición, algunos de sus principales líderes también parecen haberse fortalecido en el transcurso de este año. Especialmente destacables son los casos de Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga (principales precandidatos del Partido Nacional) y de Julio María Sanguinetti, cuyo regreso a la política es considerado una buena noticia por el electorado opositor y que probablemente haya sido factor determinante del crecimiento del Partido Colorado a lo largo del año. Lacalle Pou y Sanguinetti, además, tienen liderazgos apreciables en la interna de sus partidos. En cuanto a los porcentajes de población que declaran simpatía hacia los principales líderes opositores, los guarismos no son demasiado diferentes de los cosechados por Daniel Martínez. La diferencia clave es que Martínez recoge un nivel de antipatía menor al de cualquiera de ellos.

La batalla por los indecisos: un desenlace incierto

Finalmente, en este balance de fortalezas y debilidades partidarias, cabe referirse a los indecisos, que hoy alcanzan a casi un cuarto de la ciudadanía y cuyo comportamiento electoral es la mayor interrogante hoy planteada. La primera observación es que un porcentaje sustancial de los mismos (cercano a la mitad) son votantes del Frente Amplio en 2014 y/o se ubican en la centro-izquierda de la escala ideológica. Esto abre una interesante oportunidad para el Frente Amplio en vista de que más allá de la posible insatisfacción de este electorado con el oficialismo, razones de corte ideológico o valorativo pueden estar obstaculizando su emigración hacia alguna de las variantes opositoras. No obstante, también se evidencia de parte de varios líderes opositores un esfuerzo considerable por atraer el voto de dicho electorado y superar sus eventuales resistencias. La reciente conformación de La Alternativa bajo el liderazgo de Pablo Mieres es uno de los ejemplos más claros. El resultado de esta puja competitiva por este perfil particular de indecisos es sin dudas una de las grandes claves de la próxima elección.

 

A modo de conclusión…

Más allá de algunos desafíos que enfrentan los partidos políticos del país, el peso de las identificaciones partidarias en nuestra sociedad continúa siendo un factor determinante del comportamiento electoral. No por casualidad, cerca de dos tercios de la ciudadanía que votó en 2014 declara que repetirá su voto partidario en 2019, lo que constituye una proporción relativamente alta en términos comparativos con otros sistemas políticos. La estabilidad del voto en el sistema uruguayo es incluso más alta al analizar las tendencias evolutivas por bloques. No obstante, algunas dinámicas sociopolíticas parecen haber afectado los pisos y techos de simpatizantes por partidos y bloques desde la asunción de la tercera administración frentista en adelante.

En especial, a través del examen de las tendencias de intención de voto se constata un relativo desgaste de la “marca” Frente Amplio en comparación a ciclos electorales previos y, a la inversa, el crecimiento de la identificación con partidos opositores. Para entender estas relevantes modificaciones en las identificaciones partidarias que pautan el comienzo del año electoral, hemos procurado integrar una diversidad de tendencias de opinión pública y datos de contexto. Ha quedado en evidencia, por un lado, que el doble proceso de relativo debilitamiento del FA y fortalecimiento de la oposición respecto al ciclo electoral anterior se inscribe en una multiplicidad de procesos que incluyen un contexto económico y de seguridad pública más adverso, aspectos evaluativos de la gestión gubernamental y cambios en la estructura de valores que afectan las decisiones electorales.

Por otro lado, hemos expuesto que el Frente Amplio cuenta con varias fortalezas y potenciales ventajas competitivas que pueden cobrar peso durante el transcurso de la campaña (por ejemplo al tiempo de convocar el voto del electorado aún indefinido) y que tornan el resultado de la elección incierto. En el marco de esta competencia abierta, dos escenarios siguen afianzándose: una segunda vuelta entre el Frente Amplio y el Partido Nacional por tercera vez consecutiva y una composición parlamentaria con mayor diversidad, tanto en el número de partidos participantes como en la distribución de parlamentarios según afiliación sectorial y partidaria.

 

Ficha Técnica

Los datos más recientes de intención de voto publicados en el presente informe pertenecen a nuestro Monitor Telefónico de Opinión Pública, encuesta realizada entre el 26 de noviembre y el 7 de diciembre de 2018. La encuesta consultó a 798 personas de 18 años y más, cubriendo población residente en todo el país. El muestreo fue de tipo aleatorio simple utilizando como marco muestral el listado de números rango de telefonía celular de todas las compañías telefónicas del país. El margen de error máximo es de +/- 3.5% para un nivel de confianza de 95% (análisis de submuestras de la encuesta están sujetas a mayores márgenes de error). Los datos se encuentran ponderados por región, nivel eduacativo, sexo, edad y voto anterior.

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