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El Monitor de Opinión Pública presenta información de seguimiento de la opinión pública, incluyendo información de actitudes relativas a fenómenos políticos y a temáticas sociales de interés para la población uruguaya.

La información brinda insumos para comprender el contexto social en que se desarrolla el ejercicio del gobierno, la política nacional y la vida social de los uruguayos.

La información presentada proviene de una encuesta de telefonía celular a 805 sujetos mayores de 16 años residentes en todo el país. La medición fue realizada entre el 14/9/2018 y el 6/10/2018 sobre la base de un muestreo aleatorio con cuotas de sexo y edad. El margen de error muestral es de +-3.5% con un 95% de nivel de confianza. Los resultados se encuentran ponderados por nivel educativo y voto anterior del encuestado. La encuesta fue contratada por Montecarlo Televisión en conjunto con  diversos actores políticos.

Los informes son presentados como primicia en los informativos de Telenoche 4.

 

Resultados

Gráfico 1. Posición sobre Debates Presidenciales Televisivos.

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Gráfico 2. Demanda por Debates Según Intención de Voto.

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 Gráfico 3. Demanda por Debates Según Edad y Nivel Educativo.

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Gráfico 4. Demanda por Debates Según Interés en la Política

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Análisis 

 

Con el liderazgo pionero de Brasil y México, la región latinoamericana ha experimentado en las últimas décadas la consolidación de los debates presidenciales televisivos en una diversidad de países, entre los que destacan Colombia, Chile, Perú y Argentina. En algunos casos (como Argentina), se han aprobado leyes que tornan estos debates obligatorios y pre-definen sus reglas básicas de realización. En otros casos, se ha procurado convertirlos en una “obligación de facto” a través del esfuerzo combinado de medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil y autoridades electorales. En el caso uruguayo, la tendencia es ambigua. Si bien en las últimas dos elecciones hubo debates televisivos entre algunos candidatos, ya hemos pasado cuatro ciclos electorales sin debates entre candidatos de los dos principales bloques políticos del país (Frente Amplio y partidos fundacionales). Probablemente, dos factores complementarios explican que candidatos presidenciales frentistas no se hayan enfrentado a candidatos blancos o colorados desde 1994 (año del que se recuerda especialmente el encendido debate que protagonizaron el hoy presidente Tabaré Vázquez y el ex-presidente Julio María Sanguinetti).

De un lado, en un marco que no establece por ley la obligatoriedad de los debates ni hereda una tradición fuertemente consolidada como la francesa o norteamericana, los debates presidenciales han quedado sujetos a cálculos electorales. En este escenario, generalmente quienes tuvieron ventaja en las encuestas se mostraron fuertemente reticentes a la confrontación con sus rivales. Por otro lado, algunos líderes y asesores han sostenido que los debates entre candidatos presidenciales no necesariamente son un signo de salud democrática y que pueden, por ejemplo, alentar una inconveniente personalización de la política más que una confrontación programática e ideológica. En este marco, ¿qué piensan hoy los uruguayos sobre la posibilidad de que existan debates televisivos entre candidatos presidenciales de cara a las próximas elecciones? En nuestro Monitor de Opinión Pública del tercer trimestre de este año, realizamos una primera aproximación a este tema, analizando qué respondió la población a la siguiente pregunta: “Pensando en la próxima elección presidencial, ¿le gustaría, no le gustaría o le daría lo mismo que existan debates televisivos entre los candidatos a presidente de los diferentes partidos políticos?

En el gráfico 1 observamos que casi de 6 cada 10 ciudadanos desea que existan debates presidenciales en el próximo ciclo electoral, en tanto 27% se declara indiferente y un 12% preferiría que no hubieran debates. En términos generales, la ciudadanía uruguaya acompaña el “humor electoral” prevalente en la región, tendiente a la incorporación de los debates. Un aspecto adicional interesante es que en todos los electorados (sin importar su intención de voto) predominan con claridad quienes desean la confrontación televisiva entre candidatos: así lo entienden 56% de los frentistas, 68% de los votantes blancos, 62% de los votantes de otros partidos y la mitad exacta de la población que aún no ha definido su voto. El predominio de quienes desean debates, como también se observa, es algo mayor en los votantes de alternativas opositoras que en los frentistas.

La preferencia por debates televisivos tiene también algunas variaciones relevantes según estratos socio-demográficos. En el gráfico 3 se observa que a mayor edad y mayor nivel educativo crece la demanda por debates. A 53% de los adultos jóvenes le gustaría que hubiera debates, trepando ese porcentaje al 60% en los estratos etarios intermedios y al 66% en adultos mayores. La relación entre preferencia por debates y nivel educativo es todavía más acentuada, pasando del 51% que desea debates en el nivel educativo bajo (ciclo básico incompleto o menos), al 60% en nivel medio (secundaria completa o segundo ciclo incompleto) y a un contundente 76% en el caso de la población con estudios terciarios.

¿Cómo entender estas diferencias por edad y nivel educativo? Probablemente aquí uno de los factores centrales que pueden estar operando sea el nivel diferencial de interés por la política que caracteriza a estos distintos segmentos socio-demográficos. Vale recordar, al respecto, que nuestras mediciones recogen constantemente un mayor interés a mayor edad y nivel educativo. El gráfico 4 justamente apoya esta hipótesis, observándose una fuerte diferenciación según los segmentos electorales con mayor y menor interés por la política.

Mientras que a un 71% del electorado interesado mucho o algo en política le gustaría que hubiera debates televisivos, este porcentaje decrece al 59% en el caso de las personas con poco interés y a un minoritario 41% en las personas que no tienen ningún interés. Se concluye pues que especialmente entre la ciudadanía más ávida por los temas políticos, los debates presidenciales son considerados un insumo positivo en el marco del ciclo electoral.

En suma, así como la semana pasada observamos que la ciudadanía uruguaya no se encuentra en sintonía con la ola latinoamericana respecto a la posibilidad de habilitar el voto desde el exterior, en este caso sí hay una correspondencia entre las preferencias mayoritarias de nuestro electorado y una tendencia regional que apunta hacia la consolidación de los debates televisivos entre candidatos presidenciales. Estas preferencias son prevalentes sin importar las preferencias partidarias ni el perfil socio-demográfico de los electorales, aunque se tornan aún más contundentes entre el electorado opositor, los adultos mayores y las personas con nivel terciario. Además, el segmento del electorado más proclive a presenciar dichos debates (aquel más interesado en política) es también quien más los demanda.

Es incierto a esta altura saber si estas preferencias ciudadanas mayoritarias serán contempladas o no en el ciclo electoral venidero (y en especial si habrá o no debates entre candidatos frentistas y opositores). Al no existir en el país una ley electoral en la materia, una tradición consolidada o una presión significativa por parte de la sociedad civil organizada, este humor ciudadano proclive a los debates podría finalmente ceder ante las estrategias de los candidatos, particularmente a las de aquellos para los cuales los debates son visualizados como un riesgo electoral demasiado alto.

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